Por qué es necesario el voto socialista el 25M, por Mario Mollá

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“España aporta su saber de nación vieja y su entusiasmo de pueblo joven con la convicción de que un futuro de unidad es el único posible.
El ideal de la construcción europea es más válido que nunca, porque nos lo imponen las exigencias del mundo de hoy, y más aún el de mañana.” Estas palabras, pronunciadas por Felipe González, en el acto de firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas, el 12 de junio de 1985, en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, revelan el alto sentimiento europeo de los españoles en aquel momento, y su ansia de poner fin a la marginación política respecto del resto de estados europeos.

Sin embargo, este sentimiento ha venido transformándose año tras año, hasta convertirse en desapego político y desvinculación de las instituciones europeas, deterioro ya manifestado en la escasa participación en el referéndum sobre la Constitución Europea.

No en vano, la percepción negativa de las medidas económicas adoptadas por Bruselas durante los últimos años, en consonancia con la doctrina “austeritaria” de la Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea) se hace patente en la contestación de forma masiva y reiterada por amplios sectores de la población, cuyas vidas están siendo gravemente afectadas.
Las cotas más altas de pobreza, desigualdad y desempleo no solo están apareciendo en las estadísticas, sino en el relato vital y cotidiano de muchas personas, familias e inevitablemente, generaciones posteriores.

Estructuralmente, el modelo del Tratado de la Unión Europea nace sobre la base de otros tres Tratados puramente económicos (CEE, EURATOM, CECA), y difícilmente puede articular de manera solidaria las economías nacionales. Tampoco ha evolucionado sobre una perspectiva de ciudadanía, ni han imperado criterios de consideración social y laboral. Antes bien, al contrario.
Con todo, los socialistas nos sentimos esencialmente europeístas, conscientes de que:

• Europa es una obra conjunta, cuya construcción implica un proceso de pasos sucesivos hacia un espacio compartido y querido.

• Esa dirección debe caminar hacia la solidaridad, hacia el bien común europeo, dejando al margen los egoísmos de los más poderosos.

• Europa debe asentarse en los ideales que garanticen la defensa de los derechos humanos y las libertades, exigiéndolo a sus Estados miembros, pero aplicando este modelo a sus propias instituciones.

La intensidad, la duración, pero sobre todo, la gestión de la crisis en manos de la derecha europea están poniendo en riesgo, no solo el espíritu europeísta, sino el sentimiento de pertenencia de millones de europeos desposeídos y marginados por su política excluyente, conformando un campo de cultivo para el populismo de raíz ideológica.

¡Necesitamos volver a sentir y a creer! ¡Actuemos! Solo el voto masivo de los ciudadanos y de las ciudadanas europeas a la izquierda, a la fuerza y la presencia del socialismo en todos los estados miembros; solo con nuestro voto, y la perseverante exigencia de transparencia, justicia social e igualdad, harán que Europa cobre un nuevo aliento histórico y sea posible y creíble el mito europeo en cada país, en cada casa, en cada persona.

Mario Molla es secretario general de los socialistas de Meliana (Valencia)

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